A vueltas con la edad

Familia, personas de diferentes edades delinean el estilo

Seguimos entre máscarillas sí, mascarillas no, cuando ya tenemos aquí otro verano esperándonos. Playa, sol y… ¿fiesta?

Me ha llamado la atención en esto de las fiestas la edad de las personas que se dice disfrutan más… Esa edad en la que si ya te queda lejos, parece que estás fuera de la onda de esa diversión que sólo los más jóvenes saben hacerlo.

Ese «derecho» que se le concede porque sí, porque «somos jóvenes y tenemos que disfrutar y pasárnolo bien». Oigan, todo el mundo tiene ese mismo derecho, haya nacido en el año que haya nacido.

Y lo que más me preocupa es que, no sólo ellos mismos se lo creen, sino también esa otra parte de la sociedad que está de acuerdo y no es capaz de decirles que, sí, tienen toda la razón del mundo, pero… Tal vez no sea el momento ni la ocasión para hacer la mejor fiesta de tu vida. Que si el año ha sido largo, lo ha sido para todos, desde los que han nacido y apenas han visto sonrisas, hasta esos mayores que ya se ha dejado de hablar de ellos, y muchos ni contarlo podrán.

Si nos les damos esa capacidad de poder «pensar» en los demás y no sólo en «uno mismo», mal vamos señoras y señores.

Lo siento, sigue sin gustarme mirar hacia delante simplemente, o hacia abajo, que está muy de moda; hay veces que en una mirada hacia los lados, se ven cosas sorprendentes.

Lo siento…

Pluma, Escribir, Lo Siento, Disculpa

Han pasado ya unas semanas y todavía me siguen llamando la atención demasiadas cosas. Tal vez sea bueno y quiera decir que aquí sigo pensando.

A vueltas todavía con las mascarillas sí, mascarillas no. Guantes sí, guantes no. A lo largo de todo este tiempo, ¿no se ha aprendido nada? Me temo que no, y si volviera a pasar, quizás cometiésemos los mismos errores.

¡Qué tristeza me produce sólo pensarlo! Sobre todo por aquellas personas que se han ido. Demasiadas personas sacrificadas en estas semanas que no han podido ni siquiera despedirse, y todavía sigue…

¿Saben? No he podido salir a aplaudir al balcón, como tantas veces he visto. Ni siquiera el último aplauso. Lo he intentado, pero mis manos no se han juntado para aplaudir. Lo siento. Demasiadas personas muertas.

 

 

No me engañen, por favor

Confinado, Mono, Jaula, Animales, Cárcel

Confinada estoy y cada vez oigo más de lo que escucho… Cansada estoy de datos, números y demás. Pocas soluciones al respecto y todas recomendaciones que no se sabe si positivas o no.

Creo que se ha empezado demasiado tarde con ésto, cuando no hace ni siquiera un mes nos decían que no teníamos ninguna amenaza.

¿Acaso tengo que creerme entonces ahora algo de aquellas personas, algunas con puestos de «expertas», que hace tres semanas  me decían que fuese a donde quisiese?

Ahora, estar en casa y no salir, excepto para esas causas justificadas que nos proponen, cada vez menos, eso sí. Pero y cuando salgo, que garantías me dan? No tengo problema al salir y volver a casa? Ah… que a la ciudadanía en general no nos hacen falta mascarillas ni guantes, ni para trabajar ni para el supermercado a comprar los alimentos esenciales, por supuesto.

Leo que este lunes en Austria se obligará a llevar mascarillas a las tiendas. Aquí en España nos dicen que podrían ser contraproducentes por no saber usarlas, con eso de tocarlas y demás. Tampoco guantes, para qué? Si nos tocamos la cara con ellos… Mejor con las manos tal cual, nos las lavamos y más barato sale.

Nos estarán tomando por tontos?

¿Hasta cuándo?


El año pasado, 53 mujeres han sido asesinadas en España por sus parejas… Se dice rápido, pero toca a más de cuatro mujeres por cada mes.

En la mayoría de los casos, conocemos la consecuencia del desenlace, pero desconocemos por completo el origen. ¿Por qué se ha llegado a esta hecatombe?

Todas las medidas para evitar este estrago en la sociedad serán bienvenidas, y toda detección será poca si detrás no hay una verdadera prevención.

Confiar en que la sociedad vaya a detectar tal desgracia, discúlpenme, pero me parece una quimera. Estamos hablando de realidad, señoras y señores, que no de ficción.

No descubramos la fatalidad; por favor, anticipémonos a ella. 

Que… ¿Cómo? Pues con anteojeras no, por supuesto.

Más de 700 mujeres muertas por violencia de género desde que la legislación española aprobara una ley, precisamente, para protegerlas, allá por el 2004.