¿Funcionarios?

Sí, esas personas que se sientan detrás de una mesa que les confiere cierto aire de superioridad. Tú les explicas la situación y la primera vez ni te escuchan. Te cuentan cómo se hace, lo que hay que hacer.

Le explicas una segunda vez, pero te sigue diciendo lo mismo. Al fondo, se oyen murmullos porque parece que hoy la máquina de dar los números está fuera de servicio.

Una tercera vez le dices que ya sabes lo que hay que hacer, pero el programa de internet no funciona. Sigue mirando el ordenador y a lo suyo.

Por cuarta vez, y ya cuando se oyen más que murmullos, porque el personal que está esperando no sabe cómo lo van a atender, mira por encima de sus gafas, y ¡EUREKA! No hay problema, Internet también falla y funciona lo manual.

Primero, Internet pude fallar, pero en este caso, ha fallado el programa que usan ustedes.

Segundo, ¿hace falta que le explique hasta cuatro veces lo mismo?

Tercero, ¿es que nadie de esa oficina tiene el valor suficiente de aclarar al personal el procedimiento a seguir cuándo no funciona una máquina? Estaban allí, cada uno a lo suyo, cada vez más personas entrando sin saber qué hacer, y nadie para aclarar nada.

Sé que no todos son iguales, y acepten mis disculpas, por favor, por generalizar, pero esta ha sido una historia real en un día cualquiera.

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